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Museo de la Memoria y los Derechos Humanos

El Museo de la Memoria y los Derechos Humanos es a su vez pasado, presente y futuro, y eso se debe a una razón que es medular a su existencia: el presente no puede pensarse ni el futuro construirse si no conocemos nuestra historia.

Museo de la Memoria y los DD.HH.

En el mensaje presidencial del 21 de mayo de 2007, la entonces Presidenta de la República, Michelle Bachelet, informó a la ciudadanía que la política de derechos humanos estaría basada en la educación y el rescate de la memoria, trabajando en la institucionalización de su protección, respeto y promoción. En aquella instancia, afirmó que se haría realidad la fundación del primer museo nacional de la memoria:

“…para que todos los chilenos y chilenas se reencuentren en la verdad y en el reconocimiento de su historia, como una forma de proyectar estos dolorosos hechos al futuro y al conocimiento de las nuevas generaciones, facilitando la expresión de valores de respeto a la dignidad de las personas y a la democracia”. 

De esta manera, prometía que los hitos de la muestra museográfica debían exponer con claridad el contexto de los crímenes de lesa humanidad cometidos desde el 11 de septiembre de 1973 hasta el 10 de marzo de 1990.

Esta necesidad de impulsar y promover políticas de memoria fue expresada en las recomendaciones de laComisión Nacional de Verdad y Reconciliación (1991) y de laComisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura (2005). En ambas se manifestó la necesidad de que el Estado dispusiera recursos y medidas destinadas a reivindicar la dignidad y la memoria de las víctimas e impulsar iniciativas que, incorporando el conocimiento, la reflexión y el aprendizaje sobre lo vivido, promovieran una cultura respetuosa de los derechos humanos.

No obstante, la idea de la creación del Museo no respondió únicamente a las recomendaciones de las Comisiones de Verdad, sino también a las históricas demandas de las organizaciones de familiares y de organismos de defensa de los derechos humanos, quienes a través de la lucha por verdad y justicia buscaban que se visibilizara públicamente lo ocurrido a través del rescate de la memoria y la reivindicación moral de las víctimas.

Fue así que la iniciativa presidencial de constituir un museo la memoria de las víctimas reveló la urgencia moral de interrumpir la prórroga impuesta sobre la memoria: “no podemos cambiar nuestro pasado, pero sí podemos aprender de lo vivido. Esa es nuestra oportunidad y nuestro desafío”, expresó Michelle Bachelet al poner la primera piedra del edificio.

La decisión se alineó, además, con estándares internacionales como los Principios para la Protección y la Promoción de los Derechos Humanos mediante la lucha contra la Impunidad de las Naciones Unidas, que establecen que los Estados tienen el deber de adoptar medidas eficaces para luchar contra la Impunidad, así como garantizar el derecho inalienable a la Verdad, el deber de recordar y hacer efectivo el derecho de las víctimas a saber.

“El conocimiento por un pueblo de la historia de su opresión forma parte de su patrimonio y, por ello, se debe conservar adoptando medidas adecuadas en aras del deber de recordar que incumbe al Estado para preservar los archivos y otras pruebas relativas a violaciones de los derechos humanos y el derecho humanitario y para facilitar el conocimiento de tales violaciones. Esas medidas deben estar encaminadas a preservar del olvido la memoria colectiva y, en particular, evitar que surjan tesis revisionistas y negacionistas”.

P. 3 Principios para la Protección y la Promoción de los Derechos Humanos mediante la lucha contra la Impunidad de las Naciones Unidas.

Diez años de historia

El Museo fue inaugurado el 11 de enero de 2010 con una exposición permanente basada en los Informes de las Comisiones de Verdad. Desde entonces, ha enfocado su misión en visibilizar las violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado de Chile durante la dictadura civil-militar, dignificar a las víctimas y sus familias y destacar la resistencia del pueblo chileno y la cooperación internacional contra el régimen militar, poniendo a la luz pública una memoria colectiva construida a partir de testimonios y objetos que permearon para siempre la memoria nacional.

Actualmente conserva, resguarda y exhibe miles de objetos y documentos que dan cuenta de los hechos ocurridos durante la dictadura chilena, y que constituyen fuentes esenciales e imprescindibles para el conocimiento del pasado, el entendimiento del presente y la construcción del futuro. Sus colecciones son un patrimonio de acceso público, a las cuales es posible acceder de forma presencial en un recorrido por el Museo o en su Centro de Documentación o el Centro de Documentación Audiovisual, ambos especializados en temas de memoria y derechos humanos; y de forma virtual a través de diversas plataformas digitales como el Archivo MMDH, la Biblioteca Digital MMDH o el Archivo Radial MMDH. 

Durante estos diez años, el patrimonio del Museo se ha ido ampliado a partir de las donaciones de distintos archivos ligados a la memoria familiar y colectiva de los propios donantes, quienes han llegado de diversas partes de Chile. Esta labor de registro de voces e imágenes de hombres y mujeres, niños, niñas y adolescentes protagonistas de la historia ha ayudado a la institución a constituir uno de los mayores archivos orales del país sobre temas de la dictadura tan importantes como la experiencia del asilo-exilio, la clandestinidad, el sindicalismo, el movimiento cultural, así como de quienes participaron en iniciativas de protección de la infancia. En testimonios.museodelamemoria.cl puedes conocer parte del trabajo testimonial desarrollado por la institución en estos años.

Es así como el Archivo del Museo constituye un patrimonio tangible e intangible de gran valor testimonial, y que a lo largo de estos 10 años incluso ha sido utilizado en investigaciones académicas, trabajos artísticos, así como procesos judiciales e investigaciones periodísticas que han permitido avanzar en los procesos de verdad y justicia  respecto de los crímenes de lesa humanidad perpetrados por el Estado de Chile durante los años de dictadura.

Otro de los importantes caminos recorridos por la institución en estos 10 años, ha sido en el terreno educativo. Desde sus inicios el Museo ha asumido su compromiso con la educación con enfoque de derecho a través de una multiplicidad de instancias formativas y recreativas, como la realización de visitas mediadas para todo público, talleres, conversatorios y la elaboración de materiales educativos que permiten establecer un puente para hablar del presente a través de la memoria histórica.

A través de su trabajo y compromiso en la formación y capacitación, el Museo ha formado en mediación, memoria y derechos humanos a cientos de integrantes de instituciones y organizaciones de diverso tipo, como establecimientos educacionales, organizaciones sociales, ONG, agrupaciones de DD.HH., operadores turísticos, entre otras.

A lo largo de estos años, el Museo también ha colaborado y organizado destacadas exposiciones temporales, seminarios, ciclos de cine, teatro, lanzamientos de libros y muchas otras actividades, buscando siempre generar un gran espacio de diálogo, reflexión y creación en torno a la memoria y los derechos humanos y abierto para todas las personas.

De esta manera, y recogiendo las lecciones del pasado, la institución ha buscado contribuir en la formación de una ciudadanía cuyos pilares fundamentales sean el pleno respeto a los derechos fundamentales y los valores democráticos, fortaleciendo la voluntad nacional para que Nunca Más se repitan hechos que afecten la dignidad del ser humano.

Es por eso que, concebido con un relato centrado en la conciencia crítica del Nunca Más, el Museo asume la urgencia de entender que no existe motivo político alguno que justifique las violaciones a los derechos ni el quiebre de un Estado democrático. Es así como este mandato ético se asegurará en la práctica y la política de defender los valores de los derechos humanos y valores de la democracia en todos aquellos asuntos claves para el desarrollo de una sociedad justa.

Un Museo con la colaboración de tod@s

El 6 de junio de 2006, la entonces Presidenta Michelle Bachelet conformó una Comisión Asesora Presidencial para la formulación y ejecución de las políticas de derechos humanos, la cual trabajaría en el desarrollo y supervigilancia de todos los programas de gobierno en apoyo y reparación a las víctimas de violaciones de derechos humanos y sus familiares.

Fue dentro de esta instancia en la que se gestó la idea de reparar moralmente a las víctimas a través de la construcción de un Museo de la Memoria. Entonces, se le encargó a la secretaria ejecutiva de la Comisión, María Luisa Sepúlveda, que constituyera un equipo de trabajo dedicado a construir el guión, la muestra permanente y la supervisión de un nuevo edificio.

Escuchando a la ciudadanía

“Tenemos que poner en el Museo de la Memoria el acento correcto de lo que significa un país que debe tener esa memoria como símbolo para no repetir el genocidio”.

Lorena Pizarro, Presidenta de la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos (AFDD).

Para la construcción del concepto y guión, se realizaron entrevistas con las organizaciones de víctimas de derechos humanos, diversas instituciones como museos y archivos. Además, con asesoría de Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), se realizaron cerca de 70 entrevistas en profundidad a actores relevantes de derechos humanos, de la academia y de la museografía, para recoger sus opiniones respecto de cómo implementar la muestra museográfica.

Conjuntamente en 2009 se realizaron focus-groups con distintos participantes no vinculados a las temáticas de derechos humanos, estos categorizados según edad, nivel socioeconómico -incluyendo escolares y profesores- para indagar sobre cómo acceder al conocimiento de los hechos relacionados con las violaciones de los derechos humanos ocurridas en tiempos de la dictadura civil-militar.

Existía consenso entre los entrevistados que los derechos humanos era un tema no resuelto en el país y que su abordaje había sido parcial, conflictivo y poco transparente. Sin embargo, se consideraba un tema ineludible. “No habrá un momento ideal de la historia para abordarlo pero, sin duda, no puede constituir por siempre un asunto pendiente”.

La participación del Estado en materia de derechos humanos era ampliamente cuestionada; en primer lugar, por su participación directa en violaciones a derechos humanos y por el potencial uso político que podría tener. Aún así, se insistía en la importancia de darle transparencia al tema, lo que implicaba tener valor para mirar como país el horror, pero ya no sólo depositado en las víctimas directas sino en la sociedad en su conjunto.

En resumen, se planteó la necesidad de permitir con su construcción asentar los aprendizajes de la sociedad en relación a los derechos humanos y, también, poder avanzar en el respeto y abogacía por otro tipo de derechos como son los derechos sociales. De la misma forma que hacía un llamado a hacerse cargo de su defensa y promoción.

El edificio como un espacio de dignidad

A través del Ministerio de Bienes Nacionales, se asignó un terreno frente al Parque Quinta Normal, en el cuadrante definido por avenida Matucana, calle Santo Domingo, calle Chacabuco y calle Catedral; ubicación que permitía potenciar el Circuito Cultural Santiago Poniente, integrado por diversos museos y entidades culturales con fácil acceso a medios de transporte.

Una vez determinado el lugar donde se emplazaría, la Comisión Asesora y el Ministerio de Obras Públicas acordaron llamar a un concurso internacional de arquitectura, patrocinado por el Colegio de Arquitectos de Chile. El edificio sería construido paralelo a la museografía, ya que de este modo se podrían cumplir los plazos establecidos.

“Complejo y trascendente desafío, construir un edificio que reflejara cómo nuestra sociedad se hace cargo del tema de las violaciones de los derechos humanos (…) Hacía falta un espacio donde la sociedad en su conjunto abordara integralmente el tema”.

Directora Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, Verónica Serrano

407 propuestas se inscribieron en el concurso de las cuales 57 fueron aceptadas. Fue premiada la propuesta presentada por el equipo de arquitectos de Sao Paulo integrado por Mario Figueroa, Lucas Fehr y Carlos Dias, a la cual se asoció el arquitecto chileno Roberto Ibieta, quienes comenzaron a construir en diciembre de 2008.

La construcción del Museo estuvo a cargo del Ministerio de Obras Públicas (MOP), específicamente de la Dirección de Arquitectura. Las obras en terreno se iniciaron en noviembre de 2008, para ser inaugurado el Museo en enero de 2010. El arquitecto Miguel Lawner, en representación de la Comisión Asesora Presidencial para Políticas de Derechos Humanos, fue el asesor permanente del proyecto arquitectónico.

La obra se concibió finalmente como una manzana abierta que armoniza con las construcciones existentes. Se creó una plaza conformada en un costado por el cuerpo principal del Museo, y por el lado opuesto por una Escuela Pública de dos pisos, construida en los años 30, que aparece integrada naturalmente a este nuevo espacio público.

La estructura del Museo consigue una luminosidad natural que genera efectos inesperados, de gran simplicidad argumental y coherencia con el objeto del Museo. Una particularidad del Museo es el tratamiento del espacio interior:

“Los tres niveles se integran mediante un juego admirable de vacíos en virtud del cual el visitante tiene permanentemente la noción de conjunto. Al ingresar al primer nivel se abre una visión imponente ya que se ingresa a una nave de 15 metros de altura, semejante a una catedral gótica, a la cual confluyen los pisos intermedios mediante balcones acristalados, que se asoman o se recogen”. 

Miguel Lawner Steiman, Arquitecto, ex prisionero político y Premio Nacional de Arquitectura 2019.

Ciertamente, la imponencia del cuerpo central del edificio manifiesta la presencia que la memoria alcanza en el entorno público, pero quienes fueron responsables de la elección lo más importante era que sus objetos no estuvieran escondidos y en salas oscuras. Todo lo contrario, la transparencia misma del edificio y su luminosidad fuera la metáfora de un pasado memoria que se libró de los constreñimientos que la mantenían adherida a los recatos exigidos por la restitución.

“Desde su exterioridad, el Museo ilumina el recuerdo oscuro del pasado, inscribiendo la herida en el espacio público, porque la imponencia del edificio así como la magnitud de la herida, interpela al transeúnte produciendo un “alto” en su discurrir diario: al incrustarse  físicamente en el espacio urbano, la memoria resulta imposible de esquivar”.

En el exterior del Museo se ubica la Plaza de la Memoria, escenario de conciertos y manifestaciones culturales. En un muro lateral de la Plaza de la Memoria se encuentra la obra Al mismo tiempo, en el mismo lugar del artista Jorge Tacla, que honra la memoria del músico, cantautor, profesor y director de teatro Víctor Jara, asesinado en 1973 en el Estadio Chile, recinto que hoy lleva su nombre. El mural contiene los últimos versos escritos por Víctor Jara durante su detención. También se encuentra la obra del artista visual Alfredo Jaar, titulada La Geometría de la Conciencia; la obra Acción Medular del artista Fernando Prats, concebida para rendir homenaje al ex Comandante en Jefe del Ejército de Chile, quien fue asesinado junto a su esposa Sofía Cuthbert en un atentado perpetrado en Buenos Aires en 1974;  y la obra El Museo es una Escuela, del artista Luis Camnitzer.

La inauguración

Elaborar un museo que recordara una de las épocas más oscuras de la historia de Chile, significaba hacer real un espacio que mantuviera siempre la memoria de quienes no se deben olvidar: mujeres y hombres de diversa procedencia, edad y realidad que a largo de todo el país sufrieron las detenciones, la tortura, la muerte o la desaparición.

El Museo fue inaugurado el 11 de enero de 2010 por la Presidenta de la República, Michelle Bachelet, con la presencia de invitados nacionales y extranjeros. Durante su discurso, la ex Presidenta –quien fue presa política en dictadura y cuyo padre, el general de la Fuerza Aérea Alberto Bachelet, murió en la Cárcel Pública de Santiago debido a las torturas infringidas por sus captores– repitió la frase que había pronunciado al poner la primera piedra de las obras del Museo:

“No podemos cambiar nuestro pasado, sólo nos queda aprender de lo vivido”.

Dicha frase, que resume la línea editorial del Museo, se encuentra hoy a la entrada del recinto, para fomentar la reflexión de los visitantes que día a día fluyen por la institución.

Con la inauguración del Museo se abrió en Chile un espacio de memoria y dignificación de las víctimas de las más graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura civil-militar, instaurada en el país mediante un golpe militar desde el 11 septiembre hasta marzo de 1990 y un reconocimiento a las personas y organizaciones que resistieron aquellos oscuros años de violencia y trasgresión de los derechos fundamentales.

A través de las actividades educativas, exposiciones, muestras, conversatorios y diversas iniciativas culturales, el Museo abrió a la ciudadanía un espacio comprometido con la memoria y los derechos humanos.

Conoce el trabajo realizado por el Museo a través de sus distintas áreas de trabajo:

Área Tecnologías de la Información

Área de Comunicaciones

Área de Colecciones e Investigación

Área de Administración